Crónica ICAN Málaga 2013 por Manolo Camacho

corriendo traje

El ICAN Málaga 2013 era la excusa perfecta. Por un lado, el objetivo común para movilizar a los componentes del recién creado Club Triatlón Pedregalejo. Por otro lado, el objetivo personal de tener una motivación para entrenar varios meses. Y con esa motivación comencé a entrenar allá por Octubre de 2012. Con la competición en el horizonte lejano el lema era “sin prisa y sin pausa”. Y poco a poco cogí la forma y me empecé a ver terminando bien el ICAN. Tras dos tropezones físicos, en Navidad y Semana Santa, parecía que todo se iba al traste. Acabar se acaba, pero mi objetivo era no arrastrarme. Cuando días antes de la prueba echo un vistazo al volumen de mis entrenamientos y hago las medias me quedo ingratamente sorprendido: 1400 kilómetros en bici, o sea, 50 kilómetros semanales en bici; 500 kilómetros a pie, o sea, 20 kilómetros semanales corriendo; y 29000 metros nadados desde Enero, o sea, 10000 al mes, o 2500 semanales.  El panorama no era muy alentador.

Pero ya llega la prueba y no hay marcha atrás. Ni se puede entrenar más. Así que al río, o al mar en este caso. El viernes comienza la “dieta”. Carbohidratos por un tubo, con un aderezo de sodio y potasio para que el niño no tenga calambritos en la prueba. Los nervios empiezan a salir. Y yo sin poder gastar la energía acumulada en esta semana de descarga. Llega el sábado. Más carbohidratos, más potasio, más sodio, más nervios. Que si el briefing, que si deja las cosas de bici en la bolsa gris, las de calle en la azul, las de carrera en la naranja, que deja la bici en boxes, que no te olvides de nada… ¡Qué estrés! Si lo llego a saber no vengo. Y a dormir, que mañana hay que competir. Me despierto relajado, con menos nervios que los días anteriores y con ganas de soltar toda la energía acumulada, que no era poca. Desayuno, me preparo y… a por ellos, que son pocos y cobardes.

Ya estamos ahí. Me quiero meter en el agua pero falta una hora. Tengo ansiedad por competir. MeIMG_2280 pongo mi traje nuevo, gorro, gafas y, con mis compañeros, vamos a la salida. Sólo pensaba en soltar energía, soltar energía, pero bien dosificada, claro. Se hace el silencio. Salida. Al agua y a mover los brazos, que no a nadar. Seiscientos mamíferos de tierra dándose de hostias para avanzar unos metros hacia una boya me hacen recordar a los pobres ñus cruzando el río Mara en el Serengueti. Afortunadamente salgo ileso de la pelea en la primera boya y ya me dedico a coger ritmo. Miro la segunda boya amarilla, que está lejillos pero, bueno, lo importante es mantener el ritmo y no desorientarte. Como el mar está plato yo sigo la línea. A veces pensaba que iba un poco desviado, pero entre seguir la línea recta o ir en grupo tirando de agua movida lo tengo claro. Y en el grupo me mantengo. Llego a boya. A por la siguiente, que está al lado. La rodeo y me encuentro con un compañero de fatigas que se dedica a darme manotazos en cada brazada. ¡Habrá mar para todos! Y éste viene y se me pone al lado. Un buen manotazo de vuelta y las cosas se arreglan. Y después a lo mío, que es pillar el ritmo de nuevo. Me encuentro fino, deslizando. Será el mono nuevo, que lleva motor, pero yo me noto fácil. Sin fatigarme deslizo perfecto y, cuando miro hacia delante, veo que no hay muchos delante de mi. Última boya y ya está ahí la orilla. Pensamiento: “No estoy cansado. Ahora viene lo bueno. Noventa kilometrazos en bici”. Y allí que voy a quitarme el traje y coger la bici. Sorpresa, no puedo bajar la cremallera. Mi compi Nacho, al que me encuentro en boxes, hace de ayudante. Uf, ya puedo seguir.

IMG_2285Cojo la bici y a tirar millas. Los primeros kilómetros no me creo capaz de hacer noventa más. Las piernas no van bien y no encuentro la postura buena acopladito en la bici. Pero poco a poco las piernas responden y veo que empiezo a marcar más de 32 Km/h de media. Esto va bien. Vamos a por los 33. En la segunda vuelta ya consigo estar por encima de los 33 Km/h de media. ¡Ole tus huevos, Manolo! La vas a liar. En la tercera vuelta necesito orinar. Lo intento en la bici y no puedo. Bajo el ritmo porque no puedo acoplarme con tantas ganas de mear. Mierda, 32.7. Esto no puede ser. Me propongo no parar y aguantar el esfínter hasta la transición. Y la media, bueno, esperaba hacer 30, así que no pasa nada si se queda en 32 y pico. Llegada a boxes. Parada para soltar líquido amarillo. Otros hacen lo mismo, pero ellos se van y yo sigo soltando. Sí que había ganas. Venga, a correr se ha dicho, que ya vas fácil.

Empiezo a correr y, sorpresa, el garmin me marca que voy a 3.54. “Manolo, echa el freno” me digo, “que son 21 y llevas cargaditas las piernas” . Y así lo hago, pero las piernas van muy bien y por mucho que frene voy a 4.18. !Alarma¡ Calambres en el vasto interno de la pierna derecha. Estiro. Sigo corriendo pero acojonado. Por suerte no noto nada más y puedo mantener ritmos de 4.20 en la primera y segunda vuelta. Adelanto a Raso, que iba en su cuarta vuelta, lo que me da ánimos. “Si él va así y yo voy así a lo mejor no soy tan malo”. Claro, podría haber pensado que él llevaba 10 kilómetros más. Paso el 10.000 en 43 pelao y me veo poderoso. Bajaré de cinco horas sin problemas y voy a hacer parciales muy buenos. Pero ahora llega lo malo. El estómago se empieza a quejar, las piernas empiezan a flojear. Y todavía faltan nueve kilómetros. Que suplicio. Me planteo objetivos cortos. Bebo algo de agua y algo de sales, pero sin abusar porque hay que elegir entre el dolor de estómago o futuros calambres y falta de fuerzas. Salomónica decisión la de tomar un poquito de energía, sin abusar para no joder al maltrecho estómago. Sigo corriendo pero la cara ya va desencajándose, las piernas siguen bloqueadas y los ritmos suben 4.45 y 4.50. Le doy el reloj a mi hermana, que estaba animando por ahí. Sigo a mi ritmo, que ya no sé cuál es, y sigo con mis objetivos cortos. Que si el último viraje, que si el Antonio Martín, que si ahí está el Club Mediterráneo y ya sólo quedan los dos últimos kilómetros. Desilusión cuando a falta de un kilómetro soy consciente de que iba a pasar las cinco horas. Así que ya no aprieto, sigo el ritmo y ahí está la meta.

IMG_25115 horas. 1 minuto. 29 segundos. Se acabó el sufrimiento. Un día antes pensaba que lo normal sería hacer entre cinco horas y cuarto y cinco horas y media. Bajar de las cinco y cuarto sería muy bueno, y bajar de las cinco horas sería excelente pero casi imposible. Así que el tiempo era muy bueno. Joder, que lo había hecho bien.

Me toco las piernas. Están muy bien. No hay molestias grandes. Que triunfo para un lesiones como yo.

Y lo bueno viene ahora. Veo como acaban todos los del club. Nacho ya había entrado, es un máquina. Carlos justo detrás de mi. Francis acaba muy bien.  ¡Juanito! Qué portento, sin entrenar y se planta en cinco cincuenta. Javi, que hace un muy buen primer medio ironman. Y al final, el loco, Antonio, que lo hace en un impresionante tiempo cerca de seis horas (el hablaba de siete y media) Todos hemos acabado. Y cada cual contento con su gesta particular.

Lo malo de esto es que ya está en vena. Y ya estamos casi apuntados al ICAN 2014.

El 7 de Abril de 2013 se consolidó el Club Triatlón Pedregalejo. Esto ya no lo para nadie.

Comments (2)

  1. KAVAYITOO

    Eres el puto amo!!! jejejeje…

  2. Manolito…eres el Espronceda derrrr triatlón. Y tus 5 horas de relato, me han gustado más que las 5 horas con Mario.
    Felicidades. Un beso gigante y un te quiero enorme

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